Lo genial y lo naïf: James Castle

Jueves, 28 de julio de 2011 | derechos De Imagen | 1 comentario

James Castle, nacido en Idaho en 1899, es una de las figuras más inquietantes del mal llamado «arte marginal» estadounidense del siglo XX. El acercamiento a él se ha realizado siempre como si de una expedición antropológica se tratase: hombre rural, autodidacta, analfabeto, sordomudo, obsesivo, rudimentario…; sin embargo MNCARS nos propone un acercamiento a su obra como arte, dignificado a través de la museización y la descontextualización. James Castle no titulaba o catalogaba sus obras, las exponía y las ponía ocultas a buen recaudo, y así es como las encontramos en James Castle: Mostrar y almacenar.

 

James Castle, nacido en Idaho en 1899, es una de las figuras más inquietantes del mal llamado «arte marginal» estadounidense del siglo XX. El acercamiento a él se ha realizado siempre como si de una expedición antropológica se tratase: hombre rural, autodidacta, analfabeto, sordomudo, obsesivo, rudimentario…; sin embargo MNCARS nos propone un acercamiento a su obra como arte, dignificado a través de la museización y la descontextualización. James Castle no titulaba o catalogaba sus obras, las exponía y las ponía ocultas a buen recaudo, y así es como las encontramos en James Castle: Mostrar y almacenar.

 

La transgresión que supone la obra de Castle para la historia del arte no radica en su personalidad o cualidades como comúnmente se afirma. Que fuera sordomudo o analfabeto no explica su producción artística; puede ser un matiz a tener en cuenta, pero no debemos caer en el reduccionismo que permita su catalogación como «arte marginal» ni en el del ensalzamiento de lo divino de los autodidactas, héroes del arte, como si quisiéramos que Castle engrosase las vidas de artistas de Giorgio Vasari. La realidad es que bajo el nombre de James Castle encontramos una obra llena de genialidad: dibujos producidos a partir de saliva y hollín mezclados sobre soportes tan dispares como cartones o publicidad, libros hechos a mano escritos en alfabetos creados por él mismo, vestuarios de todo tipo sobre pedazos de cartón, construcciones semejantes a móviles con motivos arquitectónicos sencillos. Su obra es a la par heterogénea y genial.

 

Bajo cierto carácter naïf vemos cómo en su producción existe un desarrollo de un arte más primitivista que el alcanzado por las vanguardias históricas, pues su anhelo no es deconstruir el arte ni retornar a un estadio más puro o natural: él posee dicho estadio, y en él se encuentra su producción. No existe en su obra interés o anhelo de lograr una perspectiva racional o proporciones matemáticas, sino que juega con unos mínimos para hacer reconocible lo presentado, juega con lo pequeño y lo grande para simular la lejanía o cercanía en sus paisajes pero sin intención de racionalizar el espacio, juega con la repetición y con los motivos sencillos y geométricos. Por lo que respecta a sus temas, se mueven de nuevo en cierto ámbito ingenuo: motivos animales, paisajes y estampas de su entorno. Sin embargo hay algo inquietante en muchos de estos ellos, que denotan cierto carácter obsesivo, como pueden ser los interiores, vacíos como las calles del De Chirico más irracional, o las cerraduras, puertas, enchufes…; detalles que pasan desapercibidos en nuestro entorno cotidiano pero que se encuentran en todas partes y de los que dependemos de forma continua, persiguiéndonos, envolviéndonos. El hecho es que pese a los tintes surreales y oníricos de su obra lo que encontramos es la transmisión de su realidad, de sus inquietudes, el calco de su entorno cotidiano, de su vida diaria.

 

Sobra decir que la obra de Castle no busca fama, reconocimiento, entrada en el arte mercantil. Como comentábamos al inicio, su proceder era el de realizar su obra, organizar él mismo exposiciones en un granero/gallinero de cara a la comunidad local, y posteriormente empaquetar sus obras y almacenarlas lejos de las manos de los curiosos. Por ello su producción nada tiene que ver con posibles tendencias artísticas, no es catalogable, no es posible introducirla en un manual de Art Povera. La obra de James Castle es única, particular, de difícil acceso y escasa popularidad en el entorno español. Así, Mostrar y almacenar, en MNCARS, supone su primera gran escapada de los museos estadounidenses para su entrada en el ámbito museístico europeo. 

 

JAMES CASTLE. MOSTRAR Y ALMACENAR. Comisariada por Lynne Cooke. Obras de James Castle. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid. Del 18 de mayo al 5 de septiembre de 2011. 

-->
Seguir leyendo

Conversación con Germán Sierra

Mircoles, 27 de julio de 2011 | isbn | 8 comentarios

(Originalmente publicada en francés en Fric Frac Club. Junio 2010)

 

 

En tu primera novela, El espacio aparentemente perdido, ya desarrollas temas similares o cercanos a los de tus otros libros. Casi 15 años después de su publicación, ¿con qué te quedas de ese libro?

 

Hace mucho tiempo que no releo El espacio. Casi nunca regreso a lo que ya he publicado (con la excepción de algunos relatos breves que puedo leer en ...

Seguir leyendo

Puertas abiertas

Lunes, 25 de julio de 2011 | creative Cmon | 2 comentarios

Cuando mi padre murió, mi abuelo y yo nos quedamos solos; su mujer y su hija, mi madre, habían muerto hacía unos años, y mis abuelos paternos tampoco estaban ya vivos, por lo que puede decirse que mi abuelo y yo, sin proponérnoslo nunca explícitamente, quedamos al cargo el uno del otro. Aunque mi abuelo y mi abuela no dormían juntos (nunca lo habían hecho desde que yo podía recordar; dormían en camas distintas y en habitaciones distintas) y eso les daba cierto aire de independencia que, unido al profundo respeto que se profesaban, hacía que su relación pareciera realmente moderna, estaba claro que mi abuelo dependía en gran medida de mi abuela y por eso yo tuve que, de algún ...

Seguir leyendo
<<12345>>