Miguel Fuster. 15 años en la calle

Jueves, 03 de noviembre de 2011 | Comics Code

La gran sorpresa del Salón de Cómic de Barcelona 2010, vino de la mano de un autor que había desaparecido del panorama artístico, el dibujante barcelonés Miguel Fuster (1944), que ha vuelto para contar la traumática experiencia que paralizó su vida durante quince largos años.

 

Miguel se introdujo en el mundo del cómic en los años sesenta, con tan solo dieciséis años. Comenzó como aprendiz en Bruguera y, más adelante, se especializó como dibujante de historias románticas por encargo para el mercado europeo.

 

El  prólogo, escrito por un viejo amigo de Miguel, nos explica brevemente su opinión sobre cómo condujo Miguel su vida hasta llevarla al momento crítico en el que arranca la historia. Sin querer hacer una lectura de porqué o cómo llegó a esa situación, lo cierto es que Miguel perdió su casa tras un incendio, perdió su empleo y, poco a poco, se alejó también de las personas que se preocupaban por él sumergiéndose en el alcoholismo.

 

Define sus años viviendo en la calle como un aprendizaje del miedo. Cuando se está en estado de semiembriaguez, la visión se vuelve turbia, distorsiona la realidad y la convierte en un panorama borroso de sombras y bultos. El miedo a ser agredido estando tan vulnerable, te hace querer pasar desapercibido, dejar de existir.

 

La ciudad le resultaba tan hostil que recurría a las faldas de Montjüic para sentirse más resguardado y poder dormir sin miedo a recibir una paliza. En ocasiones, la violencia llegaba en forma de humillación, aversión o indiferencia, por parte de las personas que presenciaban su agonía. Pero sus pensamientos eran, entre todos, su mayor enemigo, enredándole en un círculo vicioso de culpa, tejiendo todo tipo de callejones sin salida que lo retenían entre un pasado irrecuperable y un presente desolador.

 

15 años en la calle nos cuenta una historia abrumadora, cargada de emociones que estremecen, como las contenidas en los relatos de otras personas que encontró viviendo en la calle y que se le quedaron grabados a fuego.

 

El cómic combina ilustraciones, textos ilustrados y cómic. Su estilo de dibujo ha variado notablemente desde la época en que realizaba historias románticas, se ha cargado de un salvajismo que lo llena todo de trazos, tan violentos como significativos, emborronando los contornos y ensañándose en las facciones desesperadas  y tristes de Miguel. Su gesto deja impresos muchos recuerdos y emociones que quedan expuestos ante el lector y que impactan desde el mismo momento en que uno se asoma a sus páginas. Al mismo tiempo, conserva el estilo de maestros de la historieta española como Luis García o Carlos Giménez.

 

Miguel no tenía intención de hacer este cómic. Hace tiempo que pintaba cuadros para turistas, pero nada más, hasta que un día se dejó ayudar por voluntarios de la Fundación Arrels, que le cedieron un espacio para pintar y le animaron a contar su experiencia.

 

Miguel Fuster nos hace ver una Barcelona totalmente diferente a la que estamos acostumbrados, pero que no debe sernos ajena. Fuster tiene las palabras, la experiencia y la elocuencia necesarias para hablar y concienciar a través de su trabajo artístico. No pierde ocasión para recalcar la función social de su obra, instando a sus lectores a ayudar a aquellos amigos que se encuentren en riesgo de ser indigentes o que ya lo son, a que dejen la calle sin perder un instante.

 

Este cómic recibió el premio del público a la mejor obra de autor español en el Salón de Barcelona 2010 y recientemente ha publicado una segunda parte titulada Llorarás donde nadie te vea y esperamos que a esta publicación sigan muchas más.

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