Padre Páramo: sobre "Papi", de Rita Indiana

Jueves, 17 de noviembre de 2011 | ISBN

 

«Papi es como Jason, el de Viernes Trece. O como Freddy Krueger. Más como Jason que como Freddy Krueger. Cuando una menos lo espera, se aparece». Con esta referencia directa a dos malos del terror serial de los ochenta, Rita Indiana comienza a dosificarnos esa gran masa de símbolos mutantes que certifican la ausencia del Padre en su novela. Sin embargo, tal cita puede considerarse también una referencia oblicua a la insólita spin-off que unía a ambos personajes en una sola película, Jason Vs. Freddy (Ronny Yu, 2003) que, espero, quienes tuvieron oportunidad de ver ya hayan borrado saludablemente de sus recuerdos.

 

Y creo que esa prolífica cadena de significantes es agente de una hipertrofia del sentido sintomática de lo que pasa con este juguete rabioso de Rita Indiana: una falta de destreza para el relato que se compensa con el desvío hacia la hibridación estilística, hacia ese hijo bastardo y con «habilidades especiales» que es la prosa poética.

 

En ese sentido, las postales autobiográficas de la infancia de la autora bajo el régimen de Trujillo evidencian una carencia de historia (con minúscula). Una ineficacia narrativa donde paradójicamente se ven las plumas (y hasta las lentejuelas) de la gran tradición del barroco latinoamericano contemporáneo. Imagínense a Severo Sarduy tomando Coca-Cola, luciendo Gap y bailando break-dance con los Transformers al ritmo de un potente remix mestizo, orquestado por una guerrilla girl dominicana.

 

Todo esto sumado a la ausencia recurrente de la figura paterna (el ritornello sobre el que Papi vuelve una y otra vez) confluye en el suculento banquete semiótico con el que cualquier epígono lacaniano se lo pasaría bomba montándose una orgía interpretativa.

 

El juego del escondite psicoanalítico emerge en el vínculo de la niña protagonista con su «papi». Un Padre-Estado que aparece-desaparece inserto en una cadena de gastadas metáforas orgánicas decimonónicas, tales como la de la nación-familia:

 

 

Por dondequiera, en vallas, en cruzacalles, en letreros electrónicos, en murales sobre los muros salitrosos del Malecón la cara de papi, con los colores de la bandera, debajo un lema que reza: TODOS SOMOS FAMILIA (135)

 

 

Sin embargo, el tópico de la ausencia del padre contado en clave de barroco-pop-latino es lo que posibilita leer Papi, también, dentro de la serie de novelas históricas sobre el trujillato, tal como afirmara la escritora en la conferencia de prensa que brindó en Barcelona. Una lectura simple aunque no tan auto-evidente para mí que, debo reconocer, hasta hace bien poco el único Trujillo que tenía en mente era a Robert Trujillo de Suicidal Tendencies.

 

Cabe aclarar que la lectura de Papi como novela histórica tiene tanto que ver con este género narrativo como la referencia a los precursores californianos del crossover entre el hardcore y el trash metal en este artículo. Y eso porque la escritura de Rita Indiana no plantea una reconstrucción arqueológica y costumbrista de la época, sino que tensa el referente hasta abordar la Historia (ahora sí, con mayúsculas) sin detenerse en la estéril fidelidad documental.

 

Pero si, a pesar de esta lectura, el tópico de la ausencia de la figura paterna sigue retumbando demasiado en la novela, podemos desviarnos de la simplificación freudiana para abusar de la genética, hasta llegar a los anales mismos del realismo mágico.

 

Así es como la voz espectral de la niña protagonista que invoca al padre en ese presente absoluto de la infancia parece llamar, también, a otros fantasmas. Y Juan Preciado, la voz que nos guía por esa novela de fantasmas que es Pedro Páramo (Juan Rulfo, 1955) es el convidado de piedra de esta sesión literario-espiritista. Al igual que el padre de Juan Preciado, el «papi» de la protagonista de la novela de Rita Indiana está siempre ausente aunque irónicamente le sobra tiempo para dedicarse a sus muchas novias, sus muchos hijos y también, por supuesto, sus muchos muertos:

 

 

Las flores son para los nacimientos, bodas, enamorados y muertos,

pero aquí hacemos muertos más que cualquier otra cosa (137).

 

 

Por lo tanto, si Papi, al igual que Pedro Páramo, documenta el símbolo cristalizado de un Padre-Estado omnipresente, su diferencia con la única novela que escribió Juan Rulfo es que en ella no encontramos una alegoría del desencanto y la incertidumbre política (como las representó Rulfo al final de la Revolución Mexicana) sino una magistral clase de resiliencia literaria donde el recuerdo de la violencia dictatorial es exorcizada y subvertida «con falditas de lambada y Rythm Is Gonna Get You de Miami Sound Machine». 

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