Jóvenes, poetas y digitales
Viernes, 02 de diciembre de 2011 | ISBN
En los últimos años se ha ido formando en Internet un entramado de blogs, bitácoras y páginas personales en torno a la literatura, cuya existencia ha forzado la reflexión sobre la difusión, la creación y, por supuesto, la edición. Este nuevo panorama tiene en la poesía su punto más interesante y controvertido. Además de replantear y actualizar viejos dilemas (¿qué es la poesía?), abre otro campo casi inexplorado: la identidad digital y su variante, si es que la hay, en el lecto-autor.
La Web 2.0 ha gestado y dado a luz a la llamada generación Google, en la que por error se suele incluir a casi todos los jóvenes, sin precisar demasiado el rango de edad. En realidad no es un concepto tan laxo como se piensa: estrictamente se considera generación Google a la nacida a partir de los años 90, fácilmente distinguible por dos de sus características: la multitarea y el exhibicionismo. Internet obliga a una partición y simultaneidad de tareas inimaginable en otros tiempos y, asimismo, relaja los límites entre lo privado y lo público. Las consecuencias de esta alteración ya empiezan a materializarse en conceptos como el de extimidad (frente a intimidad).
Dice la profesora Giones-Valls que la generación Google es productora y consumidora de cantidades ingentes de información a partes iguales y ambas cosas en un contexto de ocio, de estudios, de relaciones personales y, a menudo, «todo a la vez». Si tenemos en cuenta la edad de los internautas a los que nos estamos refiriendo, ese contexto de «estudios» se convertirá más pronto que tarde en un contexto ya «profesional»: más si nos referimos a creadores y todavía más si hablamos de jóvenes poetas. Esos límites extremadamente difusos entre vida profesional y personal ya se están dejando notar en el uso que se hace de herramientas como Facebook, Twitter o el más novedoso Google+, lugares perfectos tanto para compartir un estado de ánimo como un enlace interesante en un periódico digital o una canción que nos conmueve o la noticia de una publicación.
Para los no pertenecientes a la citada generación, los inmediatamente anteriores en el tiempo, Internet fue un «descubrimiento de adolescencia»: una fuente casi inagotable de conocimientos y un canal de comunicación con múltiples posibilidades. Es por eso, quizás, que la Red ha ido integrándose de manera natural en la vida cotidiana como un espacio más donde habitar. Para los creadores más jóvenes es, por tanto, un lugar habitual donde crear y no solo donde reproducir el material literario que aparece en formato papel.
Fotolog, Msn, MySpace… han sido los primeros referentes a la hora de compartir contenidos de toda clase y como primeros servicios de redes sociales. Pero en el caso de la literatura, Wordpress y, sobre todo, Blogger son los claros referentes. El blog es una herramienta gratuita, sencilla, fácil de usar y muy directa que proyecta la poesía de los jóvenes creadores como algo profesional. Lo mismo ocurre con la crítica, que se percibe de manera más libre si está alojada en una bitácora, en contraposición con cualquier revista (tradicional o digital) o página de dominio propio. Es decir, al igual que en el terreno periodístico el weblog es una alternativa a los viejos procesos mediáticos, existe en el ámbito literario lo que podemos denominar «nuevos creadores» o «nueva poesía», «nueva literatura», «nueva crítica».
No se trata, por tanto, de un concepto que tenga que ver únicamente con el nuevo medio, porque el «nuevo medio» lleva existiendo unas pocas décadas, sino con el hecho de haber alcanzado la fase 2.0: la creación exclusiva de contenidos para la web, la utilización masiva de las redes sociales, la interactividad, la hipertextualidad, etcétera. En otras palabras, no se crean contenidos exclusivos por el simple hecho de estar ante un nuevo medio, sino por el nivel de perfeccionamiento que se han alcanzado en ese nuevo medio. Y al admitir nuevos contenidos, también es posible hacer una comparativa entre, por ejemplo, los poemas colgados expresamente en un post para ser leídos en la blogosfera y los publicados hace veinte años por un joven poeta en una revista literaria.
¿Por qué la poesía genera tanto debate en Internet? La poesía se ha adaptado muy bien al nuevo entorno digital, quizá porque su extensión, habitualmente breve, la convierte en un post perfecto. Nos podríamos aventurar a decir que, aunque no es el género más comercial, la poesía ha revivido en cierta medida gracias a los blogs.
De manera general y según varias profesoras de la Universidad de Indiana en Bloomington (Herring, Kouper, Scheidt y Wright), hay tres tipos de blogs: los personales, es decir, aquellos en los que sus usuarios registran anécdotas diarias de su vida privada; los blog filtro, que funcionan como seleccionadores de información y complemento de los medios tradicionales; y los blogs de conocimiento, es decir, aquellos formados por los extensos conocimientos de sus autores, con inclusión de referencias, bibliografía, citas, etcétera. Como toda categorización, esta también tiene sus excepciones y fácilmente nos podemos encontrar con referencias híbridas. En el terreno literario podemos ilustrar las categorías con diferentes ejemplos: Hankover o Escrito en el viento son blogs que cabrían dentro de la clasificación de blogs filtro. Blogs de conocimiento son sin duda los de Alberto Santamaría o Vicente Luis Mora. Y en la categoría de personales podríamos citar los de Rafael Reig o José Luis Piquero.
De los tipos de blog mencionados, el más interesante en este caso es el blog personal. El blog, a priori, siempre es una página personal. Solo hay que fijarse en la mayoría de los títulos (Vicente Luis Mora, diario de lecturas; Manuel Vilas, literatura; Blog de Rafael Reig) o en las URL (andresnueman.blogspot.com, lunamiguel.blogspot.com). Como blogs personales, algunos de ellos reflejan los acontecimientos cotidianos de sus autores, que evidentemente también se corresponden con presentaciones de libros, eventos públicos, lecturas, conferencias, concursos, fiestas privadas con amigos escritores y una infinitud de situaciones de interés más o menos general que podrían compararse con los blogs de periodistas que dan la visión personal de la noticia que han cubierto para el medio «profesional».
Los blogs como herramienta no tienen una pretensión necesariamente «literaria», como tampoco «periodística». El blog de una familia norteamericana que hace pública su vida, es decir, sus noticias: a dónde se van de vacaciones, las fotos de su primer hijo, la cena de acción de gracias en casa de los suegros, etcétera, no presenta en principio ningún tipo de pretensión literaria. Pero, en caso de cumplir con ciertas características, ¿podría esa bitácora convertirse en un texto literario? No veo por qué no.
Lo mismo ocurre si nos referimos a un escritor. ¿Qué hay del blog de un escritor y de las fotos que cuelga en él con sus amigos escritores en el salón de su casa? ¿El blog personal de un escritor también es parte de su obra de la misma manera que lo son los diarios de Valente o de Pizarnik publicados en papel? No veo por qué no.
La pregunta que se desprende, por tanto, es la siguiente: ¿qué es, entonces, lo literario?
A este respecto, la lista de los mejores blogs literarios que publicó el pasado verano El Cultural demuestra lo difícil que es clasificar por temática la bitácora personal de un escritor. Sin entrar en la polémica de la baja (nula) presencia femenina en los blogs literarios citados por la revista, resulta muy interesante la acertada revisión que realizó el escritor Alberto Olmos en su propio blog. Olmos apuntó diez posibles rasgos que harían considerar a un blog como de temática literaria «pura». Entre ellos figuraban la fama del escritor, la exclusividad de los textos publicados, la longevidad de la bitácora y la no vinculación del website a una empresa editorial o similar.
El caso de Juan Mal-herido
Las razones que han llevado al blog de crítica del Lector Mal-herido a alcanzar unas cotas de popularidad envidiables para cualquier blogger (según Wikio.es, en el ránking general de blogs ocupa en el mes de octubre el puesto 1.529 y en el ránking de cultura, el 150) son, además del componente corrosivo de sus posts, el carácter escurridizo de la propia bitácora. Estamos de acuerdo en que es (o era) un blog de crítica. Eso lo convierte de entrada en un blog de conocimiento. El hecho de delimitar el concepto de literatura y de hacer una crítica, a veces feroz, de los únicos libros que entran en ese concepto («Solo hablo mal de los libros que me interesan») lo acerca a la categoría de blogs filtro. Sin embargo, el componente de «creación literaria» resulta decisivo en su clasificación, si es que hay que hacer una.
El caso de Juan Mal-herido es paradigmático porque es el primer blog con seudónimo que alcanza la popularidad de otros pertenecientes a críticos respetados y que, a su vez, podría considerarse como un blog de creación. Ahí está para demostrarlo el libro Vida y opiniones de Juan Mal-herido, editado por Melusina con los posts más interesantes o controvertidos hasta el momento de su publicación.
El paso del blog al papel es otro punto conflictivo dentro de la discusión. ¿El papel sigue legitimando un texto literario? ¿Es solamente otro canal o continúa siendo el canal fiable, respetado, «profesional»?
Existen algunos casos de escritores jóvenes que se pueden citar: La niña de las naranjas, de la logroñesa Adriana Bañares Camacho, es un ejemplo de la traslación de entradas de blog al formato libro. También la reciente antología Tenían veinte años y estaban locos, editada por Luna Miguel y publicada en La Bella Varsovia, atiende precisamente a este conflicto. Además de haberse recopilado previamente en el Tumblr homónimo creado por Miguel, la mayoría de los poetas recogidos en esta publicación (diecisiete de veintisiete) cuentan con un blog personal. Esto es, un blog en el que interactúan con otros creadores, en donde se usa el hipertexto, la creación exclusiva, el exhibicionismo, la crítica, la cita. Un blog: una casa de locos multifuncional y diaria donde se registra la vida personal, profesional, las lecturas y la creación de sus autores. Un diario ficcional, como reconoció Bañares en una entrevista al hablar de su propia bitácora.
La existencia de estos blogs pone de manifiesto el carácter claramente interactivo de la Web actual, la Web 2.0. Asimismo, el exhibicionismo, esa característica generacional, se refleja en la «obra», si finalmente admitimos que el blog también es parte de la obra de un escritor. La blogosfera constituye ese espacio virtual donde muchos de los nuevos poetas han encontrado un espacio en el que hacerse visibles, esto es, donde forjarse un yo virtual. La blogosfera ha propiciado no solo la visibilidad de nuevos creadores, sino también el propio salto al mundo analógico, como en el caso de la antología antes citada.
Es casi evidente que los nuevos poetas usan su propia vida como material literario o «publicable». En cierta medida, se puede presuponer que mucho de los sucesos vitales no serían material literario de no ser por el carácter «diario» y «exhibicionista» del blog. Del mismo modo, ese ente autobiográfico se convierte poco a poco en un «yo digital», muy cercano en la mayoría de los casos al «yo literario» o a la «voz literaria» del propio autor.
Según la profesora universitaria y especialista en tecnología y comunicación multimedia Eva Campos, la identidad digital está formada por todo lo que publicamos, buscamos e intercambiamos en Internet. Se forja casi igual que en la vida no digital, pero a diferencia de ella, es bastante más perdurable y difícil de cambiar. La identidad, a su vez, tiene tres características: la visibilidad, la reputación y la seguridad.
Para un autor joven y desconocido, la visibilidad es un punto muy importante. Un blog que esté en sintonía con varias redes sociales es una buena manera de empezar. Un apunte: la creación premeditada de un blog con la única intención de convertir en visible a un autor nuevo no garantiza en lo más mínimo su efectividad porque, como se deduce, la creación de blogs entre autores de determinada edad es un acto que parte de la curiosidad, la inquietud creativa y la naturalidad. La reputación, ese segundo punto en la identidad digital, que forjamos con lo que decimos de nosotros y con lo que los demás dicen de nosotros, es bastante incontrolable. Y, por último, la seguridad. Debemos saber que lo que publicamos en Internet no es necesariamente privado, aunque lo colguemos en nuestro Facebook y solo lo puedan ver nuestros amigos.
El blog es el centro de operaciones de los creadores más recientes: un lugar del que parten el resto de sus redes sociales (Facebook, Twitter, Formspring) y el lugar al que van a parar todas las noticias que tengan que ver con ellos como autores (entiéndase noticias en este contexto como publicaciones, recitales, etcétera). La mayoría permiten la sindicación de contenidos, esto es, la suscripción vía email o por Greader y su nombre ocupa un lugar visible en todas sus herramientas digitales.
La condición de «fama» a la que aludía Alberto Olmos en su categorización es útil aquí como balance. Sí es posible hacerse un nombre en la selvática blogosfera, a pesar del prejuicio todavía muy usual que supone la ausencia de «editor» porque, del mismo modo que en Twitter los trendic topics no se generan solos, sino por las propios cauces lógicos (un líder de opinión –sea un ciberciudadano, un medio influyente, un político–mira en cierta dirección y los ojos de todos sus seguidores se giran hacia esa misma dirección), las corrientes de público de los blogs literarios tienen mucho que ver con los links que aparecen en las bitácoras más influyentes y respetadas (blogroll), la cantidad de veces que los lectores comparten un post, la publicidad en medios culturales considerados «serios», etcétera. La blogosfera alberga muchos textos con pretensión literaria de pésima calidad o bitácoras prácticamente abandonadas, pero los blogs con un promedio respetable de visitas resultan ser, naturalmente, los mejores.
Si seguimos en la línea de la identidad digital, un caso curioso es el de la plataforma Formspring. Esta red social de preguntas y respuestas muestra claramente la representación caleidoscópica de la vida del nuevo escritor: preguntas formales e intelectuales se alternan con críticas más o menos hirientes, preguntas personales, insultos, proposiciones de matrimonio, comentarios banales, juegos dialécticos y enfrentamientos entre diferentes anónimos.
A falta de un análisis más profundo, la conclusión general a la que se puede llegar es que los límites cada vez más difusos entre vida profesional y personal son en el caso de los escritores, y más en el de los escritores jóvenes que empiezan a abrirse camino, una realidad, sin ser ellos en gran medida responsables. Del mismo modo, nos encontramos ante un nuevo fenómeno: el del escritor-personaje, que, si bien ya existía antes de la revolución digital, ahora ha cobrado mayor presencia, sobre todo entre los nuevos creadores, que producen una literatura exclusiva para Internet, sin perjuicio de que salga publicada posteriormente en papel, y en la que mezclan su vida personal y profesional a partes iguales, con una evidente desnudez autobiográfica. Ese escritor-personaje debe no solo gestionar su inesperada proyección pública, sino al mismo tiempo formarse como escritor y como lector, en un entorno difícil de gobernar y sobresaturado de información.
Comentarios (1)
guillerm gil el día 2011-12-03 15:43:37 ha escrito:
