Sylvie Fleury en Málaga

Mircoles, 08 de junio de 2011 | Derechos de imagen

Los Mushrooms de Sylvie Fleury son irremediablemente comestibles. Así que, como la Alicia de Lewis Carroll en su País de las Maravillas, de puntillas y con alguna dificultad, miramos por encima del borde de la seta para encontrarnos de inmediato con el sex appeal de lo inorgánico. Cuerpos fleurianos inertes, ácidos y de vibrantes colores, que aún pertenecientes al mundo “inorgánico” de lo natural y mineral son poseedores de una extrema excitación sexual. Excitación que, en el caso de esta artista suiza, se nutre no sólo de los aspectos fetichistas, oníricos y alucinógenos, sino de una sexualidad neutra que ésta potencia para así alimentar y reformular el pensamiento animista de los cuentos de hadas. Pensamiento según el cual el ser humano (en su edad infantil) considera a los objetos dotados de vida y conciencia. De ahí la necesidad de este reformular el pensamiento animista en pos de la fusión barthesiana de sexualidad y textualidad. Y, al igual que en el cuento, aterrizamos en ese mundo de setas de irisados colores, fuentes humeantes de neumáticos dorados y árboles-ojo de vidriosas e inquietantes pupilas; colándonos a través de la madriguera del conejo. «Realmente el gran dilema era ¿qué? Alicia miró a su alrededor (...) pero no vio nada que tuviera aspecto de ser la cosa adecuada para ser comida o bebida en esas circunstancias». Tal y como Alicia, en los mundos mágicos y oníricos en que las piezas de Sylvie Fleury convierten al espacio expositivo, nos preguntamos: ¿qué es comestible? Porque, sin lugar a dudas, el comer es la cuestión. Cuestionamiento que tiene como eje central de la retrospectiva de Fleury el objeto-arte-producto en la escena artística contemporánea de la cultura de consumo. Siendo en gran medida una reflexión acerca de lo que compramos, devoramos e ingerimos; de nuestra experiencia estética sobre dichos objetos “consumidos” y del papel que tiene la cultura de masas en este proceso digestivo. Consumidores y consumo que generan una nueva identidad de culto. Abyección de su verdadera ansia de transgresión, del verdadero objeto de prohibición. Yes To All.

 

Al igual que Gordon Matthews, me veo en la obligación de afirmar que la identidad postmoderna se construye a partir de la información e identidades disponibles en el supermercado de la cultura global en la que estamos insertos. La alienación marxista se convierte en poco más que un “juego social” en el que comprar ropa y accesorios de lujo es el acto “creativo” de los individuos. El Manifiesto de Oswald de Andrade nos da la pista para entender un poco más este mundo de ansiadas posesiones y deseados objetos de los que parte el lenguaje propio e irónico de Fleury: «Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago». La cultura norteamericana es la gran antropófaga de nuestros días. Madre que, como la mantis religiosa de Lacan, ya ha devorado al padre, a Occidente. Pero al macabro festín no sólo Eros estaba invitado, sino también Baco —que llega a nosotros escondido tras la imagen lúdico-paródica de las piezas de Fleury—. Gracias a esta invitación de Baco el festín adquiere otras variables. Variables que permiten el nacimiento del pop art —influencia evidente de Fleury— en la escena artística del s. XX. Y es justamente en este deseo, en esta pulsión “sexual”, en este sex appeal de lo inorgánico donde reside la necesidad de comprar, de comer. Pero subjetivar la mantis religiosa implica suponerle un goce sexual, y para que la mantis sea un modelo real de nuestra cultura contemporánea, a saber, “nuestra antropofagia”, es necesario algo más, es necesaria la presencia de Baco. Y este dios griego del vino, inspirador de la locura ritual de un sombrerero loco y el éxtasis de mujeres bañadas en champán, no es otro que el efecto cómico en el arte de Sylvie Fleury. Un delirio de bacanales carnívoras que llevan consigo la intencionalidad de saciar al caníbal que llevamos dentro, de transgredir la prohibición o, mejor dicho, de desarticularla. Imágenes oníricas, esotéricas o new age que sirven a Fleury para ilustrar la transición lacaniana del hambre al erotismo, en la medida en que dicha transición se hace por la vía de un momento de preferencia. A su vez, y con la ayuda de lo cómico, sirven también para reflejar el paso del erotismo estético al hambre. Sylvie Fleury nos desvela un lugar distinto a cualquier otro, un país de maravillas en el que dicen que hay que estar tan loco como un sombrerero para sobrevivir. Un mundo que no es más que el reflejo en el espejo de nuestra sociedad. Pero eso sí, de un espejo muy especial, a través del cual Alicia vuelve, una y otra vez, al País de las Maravillas para así poder saciar su verdadera ansia de transgresión. Consumir el verdadero objeto de prohibición. Setas de irisados colores se erigen ante nosotros. 

 

SYLVIE FLEURY.  

Centro de Arte Contemporáneo. Málaga. 18 marzo-5 junio 2011.

Comentarios (2)

Santi Villalobos Bernal el día 2011-06-15 08:42:29 ha escrito:

Alicia, enhorabuena por tu trabajo. Saludos cordiales

Alicia Navarro el día 2011-06-16 11:44:28 ha escrito:

Gracias Santi! un placer que te guste. Un saludo agradecido.

Publica un comentario

Rellena los siguientes campos para publicar una nueva noticia en la sección principal: