"Planeta-ovillo" (o: El collage de la depredación humana)

Mircoles, 03 de agosto de 2011 | ISBN

1. El poeta italiano Giuseppe Ungaretti concluye el poema La noche bella con los versos «ahora estoy ebrio / de universo». Bien podría estarlo, también, quien leyera el tercer libro de Luis Sagasti, Bellas Artes (Eterna Cadencia, 2011), ya que el autor, en relación a lo que Roland Barthes definiera como una «pluralidad estereográfica de los significantes que lo tejen», logra abarcar desde el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein a la Solar Arkestra de Sun Ra. De este modo, el Texto barthesiano se constituye como una herramienta teórica necesaria para abordar su lectura.

 

Luis Sagasti revisa la contemporaneidad del mismo modo en que Luis Alberto Spinetta ve el cielo: como un gran collage, el «de la depredación humana». El principal tópico que puede leerse es el «estado de caída» en el que, en gesto traumático, se encuentran, entre otros, tanto el artista Joseph Beuys como el ex piloto nazi Horst Rippert —quien, en la Segunda Guerra Mundial, derribara el avión de Saint-Exupéry—. El escritor, oriundo de la ciudad de Bahía Blanca, va trazando un itinerario cuyo rasgo principal es su dirección: hacia abajo. En consecuencia, se narran caídas físicas, como la de la aviadora Amelia Earhart o Primo Levi; y emocionales, como la de Vonnegut o Barón Biza. En ninguno de los casos se superponen, de lo que resulta una barthesiana «situación de equilibrio» en la que se encuentran «todos los lenguajes y todos los sujetos de la enunciación».

 

2. La tecnología literaria del libro se entiende a partir de la concepción que del mundo tiene el autor: «Una madeja a la que no es fácil encontrarle la punta», puede leerse en la segunda línea. Recuperando el sentido etimológico del término texto, Sagasti hilvana  hechos y personajes históricos entre los cuales podría encontrarse poca o ninguna relación: por ejemplo, el sacerdote brasileño Adelir de Carli, quien, en 2008, utilizando una silla sujetada por 1000 globos inflados con helio, decidiera volar con el objetivo de recaudar fondos para construir un santuario; y la tapa de un disco de Pink Floyd. O, también, el poeta japonés Matsuo Bashō, considerado uno de los grandes maestros del haiku, y el logo de Coca-Cola. Sin duda, el pespunte es sagaz.

 

3. Bellas Artes manifiesta la influencia de los mass media; en particular, de Internet. Así, las digresiones a través de las cuales avanza el relato funcionan como enlaces del mismo modo en que los capítulos lo hacen como pestañas. La lectura adquiere la velocidad que rige la tecnología: leer, en este caso, es hacer zapping, no sólo por la diversidad temática (tanto cultura pop como high culture), sino, también, por su extensión —no más de un centenar de páginas—. En efecto, me parece que correspondería inscribir a Luis Sagasti en el grupo de escritores de la implosión mediática que Eloy Fernández Porta desarrolla en Afterpop, ya que, en la interpretación de la cultura contemporánea, o, si se quiere, deshilvanando el «planeta-ovillo», encuentra el objet trouvé a partir del cual escribe el texto.

 

En este sentido, se realiza al menos uno de los movimientos que caracteriza a la actitud afterpop: la reconsideración del espacio pop como un tema cómico. «En 1987 —escribe Sagasti— Primo Levi cae, atraído por la gravedad del hueco de la escalera de su casa. Al parecer, Levi sufría vértigo. Pero ¿cómo alguien que ha sido arrojado a lo más hondo, que ha vivido en el abismo —y el abismo no es un lugar sino un estado de caída— puede caer de nuevo? Ese agujero que se precipita a los pies de Levi, el hueco de la escalera, ¿eso es Auschwitz?». El autor también cuestiona que lo último que se le escuchara decir al sacerdote brasileño fuese que le enseñaran a usar el GPS: «Algo no cierra bien. Cómo es que se lanza a volar así nomás, sin saber cómo funciona un GPS, vamos», reflexiona, gracioso.

 

4. El teórico francés Paul Virilio postuló que la experiencia de la velocidad-aceleración llevaría al «final del espacio (…), de la geografía». El exceso de información que provee la tecnología actual provoca un estrechamiento del horizonte perceptivo. En Bellas Artes esto no hace sino narrarse: la percepción posmoderna le permite a Luis Sagasti escribir un texto en el que, superando sin dificultades las categorías espacio-temporales, se pone de manifiesto la experiencia sensible del siglo XXI. 

 

BELLAS ARTES. Luis Sagasti. Eterna Cadencia. 2011

Comentarios (1)

Paz Olivares Carrasco el día 2011-08-03 20:42:41 ha escrito:

Muy interesante la reflexión sobre la experiencia sensible actual. ¿Cómo aprender a descubrirnos, a discernir nuestro propio criterio, nuestro impulso vital, nuestra intimidad y peculiaridad dentro de este espacio gigantesco en el que estamos sumidos? ¿Cómo razonamos? ¿Cómo elegimos? ¿Vivimos como queremos o como quieren que vivamos? ¿Sentimos con libertad? ¿Pensamos, comemos, leemos, votamos, compramos, soñamos, morimos... como quiere quién? Me gusta que el trabajo se presente breve, casi como un twitt. Y me gusta que reflexione a modo de madeja, como en el Facebook. A eso le llamo yo ironía.

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