Textos

El teatro de la celebridad (Italia 2.0)

Por Alfredo Zucchi

Alfredo Zucchi nos acerca a algunas de las novelas italianas de los últimos años que mejor reflejan la transformación acaecida en un espacio público caracterizado por la desaparición de lo privado y la entronización de los famosos como nuevos iconos paganos. Amaniti, Sorrentino y Parente: voyeurs radicales.

 

«L’enfer, c’est les autres». Así Jean-Paul Sartre, en Las Moscas, sintetiza y resuelve la cuestión de la mirada del otro; una cuestión sesgada donde, de forma simultánea, aparecen el yo y el otro en un espacio común: la mirada. En los tejidos de este espacio público los dos actores, el yo y el otro, toman posiciones —ven y son vistos en un juego de reconocimiento, adscripción y oposición— y entran en relación con ese patrimonio ideal de imágenes y caracteres que es el imaginario colectivo. 

 

Mientras los motivos fundamentales de ese espacio (la mitopoiesis, la creación de iconos, etc.) han permanecido a lo largo de las épocas y las civilizaciones, sus estructuras han ido modificándose (desde la representatividad hasta la publicidad, por poner dos ejemplos) [1]. De hecho, los medios de comunicación posmodernos han provocado cambios tan radicales en el espacio público que incluso el sentido de una contraposición esencial como público/privado —o lícito/obsceno— se ha invertido. Todo tiene que ser visible: el voyeurismo radical es uno de los grandes logros de la World Wide Web. Paralelamente, hemos asistido a otro desplazamiento: el perfil de los iconos, ocupantes de ese espacio común, ha ido mutando también. Así, los dioses, antiguos iconos, han cedido el paso lenta e inexorablemente a los poderosos, y estos, a su vez, a los famosos.

 

El espacio que se ha descrito —el imaginario colectivo— es la matriz de la literatura. Es más: la literatura en general, y su versión contemporánea en particular, está totalmente empapada de voyeurismo. Este juego entre el yo y los otros (el infierno de Sartre) representa su dimensión más propia. El escritor, desde luego, es el voyeur por excelencia. Así, en un país como Italia, que a lo largo de las últimas décadas se ha caracterizado por la aparatosa connivencia exhibida entre el mundo del poder político y el del espectáculo —una orgía de iconos— se han publicado, entre 2008 y 2010, tres novelas cuyo tema, con distintos matices, es la obsesión por los famosos y cuyo método es el voyeurismo radical. 

 

El escritor que protagoniza Che la festa cominci de Niccolò Ammaniti (Turín, Einaudi, 2009) [2] está obsesionado por la fama. Cuando un cutre empresario romano le invita a  una fiesta para VIPs —una fiesta monumental en Villa Ada, parque histórico de Roma que el empresario acaba de adquirir— el escritor ostenta menosprecio, trata de evitar acercarse a Villa Ada, pero no puede. La fiesta, la obsesión le llama. Una vez dentro, todo es pleonasmo: centenares de congeladores y delicatessen y personajes del mundo del espectáculo (política, música, televisión); canales de irrigación artificial y animales exóticos transforman Villa Ada en un parque de atracciones barroco. La vulgaridad atrae al escritor más de lo que le repugna: se deja ir, participa del circo grotesco. Pierde toda dignidad y se lo pasa bien. Mientras tanto el exceso  —el atributo propio del icono, su propensión a la omnipotencia— provoca un enorme incendio: Villa Ada, junto con la mayoría de sus invitados VIP, se hunden bajo las ruinas de un apocalipsis urbano. 

 

Paolo Sorrentino, cineasta napolitano, se estrenó como escritor en 2010 con Hanno tutti ragione [3]. Un cantautor pop ha vivido su juventud a un paso del olimpo de los famosos; lo ha dado todo para franquear esta barrera sin poder conseguirlo. Tras unas historias de droga, tiene que huir a Brasil. Todo está permitido para los iconos, pero no para él. Veinte años después, un diputado italiano, admirador suyo, le ofrece una oportunidad millonaria, con lo cual regresa a Roma. Viejo y desilusionado, deja de lado su ambición desenfrenada para lanzar una mirada cínica sobre el país: Italia ha cambiado, se ha vuelto un circo anárquico: hipertrofia de lo exterior, teatro de la celebridad. El lema —todos tienen razón— se vuelve entonces leitmotiv, mantra de supervivencia.

 

Contronatura, de Massimiliano Parente (Bompiani, 2008) tal vez sea el libro más descarado y extremo publicado en Italia en los últimos años. En el universo narrativo de la novela todo es ficción y espectáculo, y el famoso es el hombre llevado a su máxima expresión: su crueldad es plenitud, desafío constante de los límites. En cambio, aquel que queda fuera del escenario de los famosos, el hombre normal y mayoritario, es pura mezquindad, cúmulo de deseos insatisfechos (es un albatros, a lo mejor, si es que se trata de un escritor). No hay plenitud fuera de la dimensión de los iconos (vivos y sangrientos), y muy pocos tienen acceso a esa dimensión: en el conflicto desigual entre el animal omnipotente y el hombre espiritualizado solo queda el espacio, para este último, de la perversión extrema.

 

La literatura no es el espejo de la sociedad, sino el hilo más espeso que la vincula con el conjunto de imágenes, símbolos e iconos que caracterizan el espacio del imaginario colectivo. La literatura es, en ese sentido, el lugar donde las profundas mutaciones en las que incurre la sociedad toman forma y adquieren sentido; donde los signos se transforman en símbolos.

 

Así la emergencia, en literatura, de temas como los que se acaban de describir (la obsesión con los famosos) no es solo un signo de que se han producido cambios profundos en una determinada sociedad, sino también un síntoma de transformación, de reinterpretación simbólica en curso: representar a los iconos es una manera de matarlos.

 

La revolución de los medios de comunicación de carácter participativo (blogs, Twitter, Facebook y en general la tecnología 2.0) ha estimulado, con razón, un debate global sobre el impacto de esas tecnologías sobre las estructuras políticas, jurídicas e institucionales (sobre el proceso democrático: de la libertad de expresión a la democracia participativa). Sin embargo, puede que esa revolución haya producido una huella aún más duradera y profunda justo en el lugar donde se concentra y se irradia la actividad simbólica humana, ese teatro de imágenes e iconos. 

 

 

1 Jürgen Habermas, Historia y crítica de la opinión pública, Barcelona, Gustavo Gili, 1981.   

 

2 Que empiece la fiesta, Barcelona, Anagrama, 2011. 

 

3 Todos tienen razón, Barcelona, Anagrama, 2011.  


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Massimiliano Parente, autor de "Contronatura", el que " tal vez sea el libro más descarado y extremo publicado en Italia en los últimos años"