Reseñas

Martin Jacobson y el viaje hacia lo eterno

Por Marisol Salanova

 

¿Es posible viajar en el tiempo? Stephen Hawking sugiere que el tiempo puede constituir una cuarta dimensión todavía por explorar. En su artículo How to build a time machine, publicado hace aproximadamente un año en el Daily Mail, el científico utilizaba una sencilla metáfora para aclarar esto: la de la conducción. Cuando hacemos un viaje en coche y conducimos en línea recta, viajamos en una dimensión. Si giramos a la derecha o a la izquierda, añadimos una segunda dimensión. Si además subimos o bajamos una carretera de montaña, he ahí la tercera. La cuarta dimensión es, pues, el tiempo, pero ¿cómo encontramos un camino para viajar a través de él? Quizás la respuesta se halle en ese punto en el que convergen arte y ciencia.

 

El nuevo ciclo expositivo del Centro de Arte Contemporáneo La Conservera abrió sus puertas al público el 17 de septiembre en la Sala Verónicas de Murcia, con la muestra The Traveller’s Guide to the Other Side del artista sueco Martin Jacobson. Por otro lado, Ángel Mateo Charris, Gonzalo Sicre, Jorge Peris, Maureen Gallace y Diana Al-Hadid forman parte del mismo proyecto que explora el concepto de viaje, entendido como experiencia sensorial y física, a través de cinco muestras simultáneas en distintos espacios entre la ciudad de Murcia y Ceutí. Las obras expuestas son recuerdos de un viaje real, mental u onírico, que cada artista decide compartir con el público.

 

En el viaje de Jacobson, que expone de forma individual por primera vez en España, este explora las fronteras y los opuestos: la luz y la oscuridad, lo pequeño y lo grande, la realidad y el sueño. Esta propuesta artística en particular llama la atención por su capacidad para provocar una intensa sensación de desdoblamiento. Si por sí misma la sala es espectacular (se trata de un espacio ubicado en un antiguo convento barroco del siglo XVIII), más ahora que ha sido convertida en una suerte de museo de Historia Natural imaginario. En la parte central de la sala encontramos una instalación compuesta por un dibujo mural bidimensional, dos espejos gigantes contrapuestos y una imponente escultura que aparentemente reproduce la osamenta de un mamut.

 

Los espejos que habitan las paredes limítrofes con el mural están fragmentados, formando un collage de superficies reflectantes cuyas repeticiones abruman. Su distribución no es baladí, ya que existe un interés claro por crear un laberinto de espejos que el espectador podría recorrer con apenas un movimiento de cabeza. Una imagen a cuya luz cambia el modo de percibir la vida. Como Platón, que veía en el tiempo una imagen móvil de lo eterno, o como Plotino, que afirmaba que para definir la naturaleza del tiempo es indispensable conocer primero la eternidad, Jacobson quiebra uno de los fundamentos de lo real, su certeza de finitud, para precipitarnos en la imposibilidad de representación del infinito.

 

El dibujo que está pintado directamente sobre la pared se basa en una obra anterior del artista que puede verse en uno de los laterales de la sala; un pequeño dibujo, trabajado exhaustivamente —de manera tal que evoca un grabado antiguo—, en el cual aparece un mamut rodeado de esqueletos de otros misteriosos animales que aún parecen estar vivos. Por su parte, la supuesta escultura con forma de mamut que da la espalda al mural es realmente la reproducción del esqueleto de un estegodón, una especie de elefante extinguida y de facto anterior al mamut, que representa para Jacobson una puerta abierta para caminar a través del tiempo y el espacio, resaltando la importancia de la memoria.

 

El trabajo de Jacobson nos hace reparar en que la memoria de los individuos es algo viviente, que se transforma y se modifica en el espacio público, pues en él hay coexistencia de memorias diferentes que se van forjando, a la vez que pugnan entre sí. La memoria en cuanto vivencia no solo es diferente de un individuo a otro sino que incluso varía en el mismo individuo en función de sus avatares biográficos.

 

La memoria es también una fuente para la historia. Durante el Congreso Europeo de Estética celebrado el año pasado en Madrid, Miguel Ángel Hernández dio una conferencia en la que defendía que ciertas estrategias artísticas contemporáneas hacen realidad el concepto de historia benjaminiano, y que algunos artistas contemporáneos vendrían a ser la mejor y más fiel plasmación del modelo de historiador imaginado por Walter Benjamin, a saber, un historiador que propone modelos alternativos de comunicación con el pasado. El pasado se interpreta. El problema es desde qué perspectiva y para qué interpretarlo.

 

De fondo, hay tantas rutas trazadas como bitácoras se materializan. La de Jacobson nos permite divisar el otro lado, asomarnos al abismo, contemplar el infinito. Según Hawking, desde la física se entiende que los túneles en el tiempo pueden ser los agujeros de gusano. Están a nuestro alrededor, en las grietas del espacio, pero son diminutos y por eso no los vemos. En la escala más pequeña, incluso más que las moléculas y los átomos, existe la espuma cuántica. Aquí es donde se dan los agujeros de gusano, que surgen y desaparecen constantemente. Miden solo mil millones de billones de una billonésima de centímetro, pero tal vez llegue el día en que sea posible coger uno de ellos y aumentarlo a escala humana. Quizás nos lo oculten y este resulte ser un reto ya cumplido. ¿Quién sabe si los espejos que vemos en esta exposición muestran nuestro reflejo o al gemelo de la paradoja, atrapado al otro lado, en una superficie infinita, envejeciendo o rejuveneciendo? Eso no queda claro.  

 

 

THE TRAVELLER’S GUIDE TO THE OTHER SIDE. Martin Jacobson. Sala Verónicas, Murcia. Del 17 de septiembre de 2011 al 8 de enero de 2012.


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"(...) una imponente escultura que aparentemente reproduce la osamenta de un mamut (...)"

"(...) una instalación compuesta por un dibujo mural bidimensional (...)"

"Los espejos que habitan las paredes limítrofes con el mural están fragmentados, formando un collage de superficies reflectantes cuyas repeticiones abruman"